Candomblé.


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Al final del siglo XIX, las tradiciones se impusieron en la memoria africana, dándole una forma que se difundió por el territorio nacional. El Candomblé de Bahía, el Xangó de Recife, la Mina de Maranhão, presentan, con variaciones, un conjunto común de creencias y de prácticas. En todos los casos, el culto afro-brasileño se integra en el calendario católico. Descansa durante la cuaresma hasta el sábado de gloria, en señal de respeto al drama mayor de muerte y resurrección de Cristo, y combina las fiestas de los orixás con las fiestas de los santos.
El contraste original europeo/africano es significativo, pero la participación trasciende las clases y las razas. En Brasil, la religiosidad no conforma identidades culturales exclusivas. Blancos y negros participan en las celebraciones del día y de la noche, y las creencias cultivadas por los antiguos esclavos ganan hoy amplia difusión entre las clases medias.
Hay sacerdotes africanos que vienen a Brasil a aprender sobre su propia religión. Éste es un fenómeno extraordinario de supervivencia cultural y de desarrollo de las tradiciones masacradas por el tráfico de esclavos. Iorubas, daomeanos, los fanti-ashanti y los bantúes, contrubuirían de diversas maneras a la religiosidad afrobrasileña, introduciendo variantes rituales. La corriente Jejê-Nagô, sin embargo, se constituye como la principal referencia estructuradora a partir del siglo XIX.
Un fenómeno semejante tuvo lugar en el Caribe, con el Vudú en Haiti o la Santería en Cuba. Religiosos de estas tres regiones -litoral del Brasil, Caribe y Africa Oriental- constituyen un circuito de prácticas sagradas comunes que todavía están por desarrollar sus relaciones.
La vitalidad de las tradiciones afro en Brasil se evidencia por un modo particular de expansión. No se ha restringido a la afirmación de los límites de una identidad étnica. La simbología negra y la memoria africana son fuertemente reiterativas, ciertamente, y ofrecen una fuente perenne de elementos creadores de los movimientos negros.
El negro no es, sin embargo, para los fieles, el color identificador de la esencia de su religión. Oxum es amarillo oro; Oxossi, verde de las florestas; Yemanjá azul marino; Xangô rojo y blanco, y así se continúa con los colores del arco iris.
El énfasis ritual no está puesto en la historia de la destribalización, del tráfico, de la tremenda travesía oceánica ni de la violencia desarraigadora en los trabajos esclavos. Los ritos y mitos del Candomblé poco hablan de historia.
Lo que se valora es la presencia de los orixás en los espacios sagrados, así como su influencia en la mente y en el comportamiento de las personas. El Candomblé dramatiza relaciones de una dimensión cósmica, que tienen lugar en un tiempo mítico, que comprende la vida como la conocemos.
Esta apertura mítica, combinada con la dinámica sincrética del catolicismo en Brasil, llevó a que las verdades del Candomblé fuesen percibidas como tales y apreciadas por un vasto contingente de brasileños, fuesen negros, mulatos o blancos.
El Candomblé siempre ha estado condenado por la Iglesia, pero el ministerio clerical nunca tuvo gran penetración entre la masa de fieles. Fue perseguido por el Estado y con violencia, aún en el período getulista, pero los policías que invadían los locales eran, ellos mismos, con frecuencia, temerosos frecuentadores de los mismos.
La persecución disminuyó a partir de los años cincuenta, dando mayor libertad para la multiplicación de las casas de culto y para su frecuentación. Algunos movimientos culturales pasaron a ennoblecerlo en la literatura, en la música, en el cine y en la televisión, confiriéndole un brillo que es atrayente hasta incluso para las élites.
Su influencia sobre la Umbanda, movimiento nuevo y en expansión, llevó a los orixás a ser objetos de culto en círculos más amplios, incluso de clase media. Un estudio de los años ochenta registró cerca de 16.000 centros de Umbanda en Rio Grande do Sul, por ejemplo, la mayoría de ellos liderados por descendientes de alemanes, italianos, polacos y otros inmigrantes europeos. Hay devotos de los orixás entre los japoneses y judíos de Brasil.
Las Casas de Candomblé y los Centros de Umbanda proliferan en Argentina por influencia brasileña.
La sofisticación estética de los ritos del Candomblé contribuye, sin duda, a crear la atracción que ejerce en las personas en general y, en particular, en los medios artísticos.
Las ceremonias abiertas de cada casa de culto tienen las características de una "fiesta". Las divinidades que en ellas se manifiestan no vienen para predicar ni distribuir consejos. Vienen a expresar su energía vital, bailando. Hacen esto de modo solemne, siguiendo una estricta lógica ritual, dirigida por el sonido de los atabales y de los cantos.
Se visten con pompa y producen una gesticulación codificada, identificativa de cada orixá. Las fiestas terminan, invariablemente, con una cena abierta al público, hecha de comidas sagradas, en relación al evento de la noche.
Las Casas de Candomblé desarrollan una intensa y constante actividad de mantenimiento de las relaciones entre lo sagrado y lo profano. El espacio es cuidadosamente subdividido, con el barracón para las fiestas públicas, la camarita, para los iniciados, el santuario, de acceso restringido y donde se encuentran los objetos sagrados, las casas de cada orixá, de frecuentación especificada, las plantas sagradas, la sala de recepción para los fieles etc., componen una arquitectura tan compleja como la jerarquía del culto.
La obligaciones para con cada orixá, las iniciaciones, la atención individualizada del público, las adivinaciones, la lectura de las conchas, una variedad de ritos específicos, la difícil armonización de los distintos poderes que constituyen una Casa de Candomblé, la relación con la sociedad exterior, todo esto debe cuidarse al detalle, según una estética ritual meticulosa. La autoridad de una Ialorixá (madre de santo) o de un Babalorixá (padre de santo) está vinculada, justamente, a su dominio sobre todas estas materias.
El conocimiento sobre cómo hacer y la justificación de cada gesto en las tradiciones componen el vasto acervo simbólico personalizado en la figura de la madre o del padre de santo.
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