Isla de Marajó.


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Rodeada de aguas dulces y saladas -las de los ríos Amazonas y Tocantins y las del océano Atlántico- la isla de Marajó, separada de Belém por el río Tocantins, es la mayor isla marítimo-fluvial del mundo, con cerca de 50.000 km2 de extensión.
Escenario de la más famosa pororoca del mundo - fenómeno de formación de olas gigantescas en el encuentro de las aguas del río Amazonas con el mar - la isla es también conocida por la cerámica marjoara y por alojar los mayores rebaños de búfalos del país.
Marajó fue habitada por diversos grupos de indígenas que encontraron en la gran isla el ambiente ideal para vivir y desarrollar su arte alfarero, completado por una serie admirable de dibujos geométricos.
Gran cantidad de piezas desenterradas de la isla de Marajó, hoy se encuentran distribuidas por museos europeos y norteamericanos. Son jarrones, urnas funerarias, ollas, platos, cántaros y jarros ampliamente decorados.
La tribu Aruã, originaria de las Antillas, era conocida por ser la más numerosa en la isla y la más valiente en los enfrentamientos con los portugueses. Su cultura nativa data de 2.500 años y se supone que duró hasta el siglo XVIII, cuando el grupo comenzó a dispersarse por la región del río Amazonas hasta desaparecer por completo, quedando sólo los registros de los cronistas de la época. Lo mismo sucedió con la creativa tribu de los Tapajós, que habitaba la hoz del río Tapajós.
Muchas de las playas fluviales de la isla de Marajó se caracterizan por sus largas extensiones: Araruna tiene dos kilómetros, Pesqueiro, 13, y Caju, 15. Una de las más frecuentadas es Joanes, que se encuentra a seis horas de distancia en barco de Soure, una de las 12 comunidades existentes en la isla, donde hay también extensas haciendas de cría de búfalos, algunas de las cuales funcionan como hospedaje para turistas.
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