Misiones Jesuíticas.


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Tras los primeros años de conquista de América del Sur, España y Portugal engendraron el proyecto misionero, involucrando a las órdenes religiosas en la tarea de llevar a cabo el desarrollo integrador de las comunidades indígenas.
En el siglo XVI, surgieron conflictos entre los colonizadores lusitanos y las misiones jesuitas instaladas entre los ríos Paraná y Uruguay.
Muchas veces violentos, estos enfrentamientos determinaron el traslado de las misiones a la región del Tape, en la margen izquierda del río Uruguay, en el actual estado de Río Grande do Sul, donde se asentaron durante los años siguientes, al final del siglo XVII.
El "Estado Teocrático de los Jesuitas", formado por treinta pueblos, por concesión del reino español, se regía de acuerdo a sus propias reglas de justicia, administración y relaciones con las naciones vecinas. Los enclaves, hoy siete de ellos situados en Brasil, ocho en Paraguay y quince en Argentina, disponían, por aquella época, de un sistema autónomo de organización territorial y rígidas normas disciplinarias para sus lineales planos urbanísticos.
Las obras de arquitectura alcanzaron su época dorada de 1735 a 1750, cuando España y Portugal definieron los nuevos límites territoriales de sus colonias en el Tratado de Madrid. A partir de ese momento, el proyecto misionero entró en declive.
La plaza central rectangular de la Misión albergaba a la iglesia, el colegio de los curas y sus dependencias, en un lado, y en el lado opuesto, las viviendas de las familias indígenas. Las casas dispuestas en línea, tenían amplias balconadas.
Las estructuras de las edificaciones estaban compuestas principalmente de piedra y madera, que no han resistido a los desgastes del tiempo y a los incendios. Gran parte del patrimonio arquitectónico misionero se perdió, quedando, hoy, inestimables lugares arqueológicos, constituidos por cimientos y macizos de piedra gres, así como un riquísimo acervo de objetos y utensilios.
Patrimonio de la Humanidad, por decisión de la Unesco, las ruinas de la iglesia principal de São Miguel son el principal símbolo brasileño de la civilización misionera. Este monumento, obra del arquitecto y hermano jesuita João Batista Primoli, constituye una expresión de la arquitectura barroca misionera inspirada en los cánones renacentistas establecidos por Vignola para la iglesia de Gesú, en Roma.
Es el mayor conjunto de arquitectura religiosa de los reductos jesuíticos, constituido aún hoy, por restos de muros, tapias, arcadas, fachada y campanario. Patrimonio mundial inestimable, ha sido preservado y restaurado por el Ministerio de Cultura. Junto al lugar se sitúa el Museo de las Misiones, obra del arquitecto Lucio Costa, concebido plásticamente a partir de las casas de los indios misioneros, y en el que se exponen objetos de arte y de arquitectura.
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