Natal.


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Llamada capital del sol, Natal es puerta de entrada a algunas de las más bellas playas brasileñas, como las del archipiélago de Fernando de Noronha, en el estado de Pernambuco, y una sucesión de playas que se extienden al norte y al sur de la capital del Estado de Río Grande do Norte. Pero no es sólo eso. Fundada en 1599, la ciudad conserva en el distrito histórico el acerbo de la época de su colonización.
Bañada por el río Potengi y por el océano Atlántico, fue un punto estratégico para la entrada de franceses, portugueses y holandeses en Brasil. Pero recientemente, durante la segunda guerra mundial, sirvió de base para las tropas americanas y por eso ha sido conocida también como "Trampolín de la Victoria". Este pasado se refleja en la ciudad de Natal.
Antes de salir en busca del sol, de las playas, las dunas y los cocotales que se extienden a lo largo de toda la costa de Rio Grande do Norte, vale la pena visitar algunos monumentos y conocer mejor esta región tan disputada por los europeos.
El punto de partida puede ser la Fortaleza de los Reyes Magos, que dio origen a la ciudad. Rodeada por un muro en forma de estrella, fue erigida por los portugueses, entre 1598 y 1628, para defender Natal de la invasión holandesa. Otra construcción de la época es la antigua Catedral Metropolitana, inaugurada en 1599 y recuperada recientemente.
El Teatro Alberto Maranhão, de 1898, declarado Patrimonio Histórico estatal, es un ejemplo de la arquitectura de la época colonial, así como la Iglesia de San Antonio, construida en el siglo XVIII.
Entre un paseo histórico y otro, Natal reserva al visitante paseos por las playas, algunas muy disputadas por los surfistas: del Forte, del Meio, de los Artistas y Areia Preta. Al final de la Via Costeira - siguiendo en dirección sur -, está la playa de Ponta Negra, desde donde se ve el morro do Careca, enorme duna a orillas del mar, de inclinación casi vertical. Hundir los pies en la arena blanda es, sin duda, un paseo diferente.
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