Ciudad Perdida.


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En el año 1976, un importante trabajo arqueológico permitió descubrir las ruinas de "Ciudad Perdida" o "Buritaca 200", un centro urbano Tayrona, cuyo sistema consistió en la ocupación de una amplia zona a partir de terrazas interconectadas que alternaban con zonas de cultivo, dominando diversos climas y alturas.
Los hallazgos arqueológicos han revelado terrazas circulares sostenidas por muros de contención en piedra, caminos extensos, escaleras y hermosos puentes.
El Parque Nacional Sierra Nevada de Santa Marta, donde se encuentra la Ciudad Perdida, fue cuna de una gran civilización que en su huida de los conquistadores durante el siglo XVI, se vio obligada a alejarse de sus poblados para refugiarse en las alturas de la montaña. Pocigueca, Betoma y Tayronaca, legendarias ciudades Tayrona, lucharon ferozmente contra los invasores, cuya irrupción causó en menos de un siglo el desmoronamiento general de una compleja organización política y económica.
Ciudad Perdida está ubicada en la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, a 80 km de Santa Marta, capital del departamento del Magdalena. Los vestigios del asentamiento se encuentran concentrados a un lado de río Buritaca, sobre el filo de una cuchilla transversal que se desprende del Cerro Corea en dirección sur-norte. Las ruinas se distribuyen desde los 900 hasta los 1200 metros sobre el nivel del mar, en un bosque húmedo subtropical, donde llueve casi todo el año y la precipitación alcanza niveles que van de los 2000 hasta los 4000 m.m. anuales, con temperaturas que oscilan entre 17° y 24° C.
El asentamiento tiene una extensión de 20 hectáreas.
En pocos años, las ciudades abandonadas fueron invadidas por la selva. A finales del siglo XX, sus herederos, los kogui, los arsarios y los arhuacos continúan luchando por habitar en paz el territorio que les pertenece.
Para llegar a Ciudad Perdida se debe hacer un recorrido de tres días desde Santa Marta, pasando la primera noche en «Filo Cartagena», donde existen instalaciones para el viajero. La siguiente parada se hace en el Alto de Mira, en bohíos donde se pueden colgar las hamacas y de allí hacia Ciudad Perdida. Para subir se debe tener un previo permiso del Cabildo indígena y un guía. Durante el recorrido no se consigue comida, por lo tanto, se deben llevar alimentos ricos en proteínas.
¿Que significa Ciudad Perdida para los Indígenas?
Los indígenas consideran que en la cuenca del río Buritaca fue donde Teyuna, su héroe mítico, se dedicó a tallar figuras de piedra y oro que fueron enterradas para proteger y sostener a “los padres” de todos los seres que pueblan el mundo. Teyuna fue el constructor de la Ciudad de Piedra – Ciudad Perdida o Buritaca 200 – y también es el padre de los Kogi que le hacen ofrendas o “pagamentos” en determinados sitios señalados con el fin de solicitar autorización para hacer uso de algunos elementos naturales sin que ello cause desequilibrio ambiental.
“Cuando las figuras estaban aquí, había mucho animal de monte, pero cuando llegó guaquero y sacó figuras ya todo está acabado, porque es como si se llevaran al papá de ellos, ya no están los cabos para hacer pagamentos, por eso el mundo se va a acabar” dicen los indígenas de la región al referirse al problema de los buscadores de tesoros, a la escasez de presas de caza, a las pocas cosechas, a los prolongados inviernos y veranos a las enfermedades que aquejaban a la comunidad Kogi de la región Buritaca.
Una vez que el parque Teyuna terminó de construir la ciudad se la entregó al Mamo o sacerdote Hubukui quien quedó a cargo de las actividades agrícolas, tanto de la siembra como de la cosecha.
Cada familia asentada en los alrededores de la Ciudad Perdida sembraba malanga, maíz y frijol, “como cuatro matas no más, pues cada una daba una cantidad enorme de bultos, por eso indígena antiguo no tenía que tumbar mucho, cada mata daba mucho”.
El producto de la cosecha se recogía y extendía en las terrazas de Ciudad Perdida en donde el Mamo la bautizaba, proceso que duraba nueve días incluyendo el ritual de confesión de la comunidad además de los bailes y cantos. Con este proceso los alimentos quedaban listos para ser almacenados y consumidos durante el resto del año.
Los indígenas actuales siembran mediante los procesos de tumba y quema, la primera de las cuales se realiza con machete. Según la tradición, en épocas de los Taironas era Kalabolo, el jefe del viento, quien derribaba los árboles con sólo soplarlos; sin embargo la comunidad lo descuidó y por ello tuvo que sufrir las consecuencias.
Según la tradición oral Kogi cada terraza arqueológica corresponde a un clan masculino o femenino. Dichos clanes reciben “pagamentos” que buscan garantizar la obtención de energía; el “pagamento” u ofrenda se le ofrece a los “guardianes de las terrazas” que son llamados Sundinkama por los Kogi y que en la literatura arqueológica se conocen como tensores o piedras que ayudan a sostener los muros.
Las excavaciones arqueológicas fueron suspendidas a partir de 1990 porque según los indígenas la extracción del contenido de las tumbas, trátese de cuentas de collar o de figuras que representan a “los padres”, ha incidido en la pérdida de energía de la madre tierra y en la proliferación de pleitos entre indígenas. Según los indígenas el saqueo de las tumbas es el que ha propiciado la violencia que hoy en día caracteriza la zona así como las inundaciones, las sequías y otros sucesos catastróficos.
En la actualidad, los indígenas Kogi y Arsario que habitan en las cuencas de los ríos Buritaca y Guachaca, se reúnen al final del año para realizar la fiesta de sanación de la tierra dedicada a propiciar el crecimiento y la abundancia de los animales mediante cantos y bailes rituales que se llevan a cabo en Ciudad Perdida. Estas fiestas son organizadas por un Mamo que se reúne con otros indígenas mayores mientras el resto del grupo se agrupa según género, ubicándose en las terrazas y bailando y cantando a medida que trascurre la noche.
Estos bailes y cantos también se realizan cuando se construyen las casas ceremoniales que son utilizadas también para dar hospedaje a los indígenas de la región que visitan Ciudad Perdida.
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